martes, 3 de noviembre de 2015

¿La Copa Esta Casi Vacía o Casi Llena?



Miramos la misma copa y podemos ver diferentes “realidades”. Muchas creen ver que la copa esta medio vacía y otros insistirán en que está medio llena. Ambos tienen razón en tanto la realidad que perciben es personal.


La percepción ante la copa medio llena o vacía sirve de metáfora para otras circunstancias con que nos enfrentamos en nuestra vida personal y laboral. Por ello vale, la pena detenernos y reflexionar sobre la diferente actitud de cada uno de los grupos ante la realidad de la copa.


Quienes “deciden” ver la copa media vacía, ponen el acento en lo que les hace falta para ser felices. Son quienes se lamentan por lo que les falta, lo que perdieron o lo que no existe.


A muchos, este comportamiento, los llevar a presentarse ante sí y ante los demás, a partir de sus carencias ya que éstas explican su falta de posibilidades, capacidades y merecimientos. Es así como se presentan necesitados, incapaces y con poca autoestima.


Los auto-exigente también perciben que la copa casi vacía. Ellos aspiran a la perfección –propia o de su entorno- y la copa casi vacía les da la explicación que necesitan para justificar porque esa perfección les resulta esquiva. Esto los lleva a una constante insatisfacción y al enojo por nimiedades. Ellos utilizan el espejismo idealista (algún día encontrarán lo que hoy les falta) para mitigar la insatisfacción y el vacío que producen sus carencias.


Los narcisistas por su parte, tratan a los demás en base a sus carencias en lugar de valorarlos por sus méritos. La copa medio vacía les aporta argumentos para mostrar como la incapacidad de quienes lo rodean conspira contra la grandiosidad a la que están destinados.  


Todos ellos son engañados por sus procesos mentales. En lugar de ser felices con lo que tienen y han logrado, viven insatisfecho por todo lo que les falta. Lamentan que no viven una buena vida, en lugar de aprender a vivir una buena vida.


Esto sucede porque hay ciertos marcos culturales que nos condicionan y que nos indican que el reconocimiento social se asocia a los logros (académicos, laborales y económicos). Nos dicen que cuanto más tengamos y logremos, más exitosos seremos y que ese éxito es el fundamento de la felicidad.


El engaño está en que a la hora de auto valorarnos buscamos comparaciones con quienes más tienen. Ello nos lleva, a vernos a partir de nuestras carencias y ese proceder nos hunde en la infelicidad.


En el extremo opuesto, están quienes valoran lo que tienen y han logrado. Ellos se ajustan a la idea de San Agustín, según la cual: “La felicidad consiste en no desear más de lo que se tiene (De la Trinidad XIII, 5,8)”. No se trata de un conformismo que inhibe a buscar superarse. Por el contrario, corresponde a una evaluación sincera luego de realizado el esfuerzo de autosuperación.


Que nuestra copa esté casi vacía o casi llena es un producto de nuestra mente. Responde a las conversaciones internas que tenemos con nosotros mismos, pero también que está influido por elementos externos. El diálogo está afectado por los paradigmas dominantes de la política, la religión, la ciencia o la economía.


Muchas veces lo que creemos que nos falta tiene su origen en dialécticas creadas por tales paradigmas lo que podemos (política); lo que debemos (religión); lo que sabemos (ciencia), o lo que tenemos (economía).


Por eso hay que estar alerta de nuestros diálogos internos, de lo que nos decimos en nuestras conversaciones internas, por la sencilla razón de que ellas construyen nuestra realidad.  Las conversaciones de coaching sirven para proponer reflexiones que nos permita reconsiderar como posicionarnos ante la copa. Al final, todo es una cuestión de actitud.

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